Secuencia XXXIV: 30/6/2013

8 Jul

Concierto del Centenario

Historia de nuestro compañero de concierto

Un día de concierto es una jornada grande, de expectativa feliz y tensa, de esperanza nerviosa, de concentración y preocupación por el resultado. Un día de estreno se llena de mariposas haciéndote cosquillas y de ilusión contenida. Todo ello se adivinaba en la plaza conforme los músicos iban llegando (¡cuánta elegancia en el vestir!). De ahí, al antiguo cuarto de la música para dejar fundas y recoger atriles y rápidamente a la iglesia.Foto12-border

En el interior de la parroquia de Santa María de la Oliva también se vivían los previos de una fiesta grande exaltado todo por los ecos aún frescos de la jornada anterior cuando “La Oliva Centenaria” puso en valor su siglo de hermandad musical en una exaltación diferente y nueva, clásica y de siempre, muy en consonancia con el carácter de la Sociedad Filarmónica. Pero esta vez tocaba concierto.

Lleno a rebosar, sillas en los pasillos y ganas de oír música grande. Había que ocupar pronto un lugar para sentarse. Un “buenas noches” rápido a quienes estaban a nuestro alrededor y nos pusimos a aprestar el oído mientras los sonidos de la afinación nos llegaban de lejos donde adivinábamos al Maestro José Manuel Bernal, repasando instrumento por instrumento.

Foto31-borderPara la ocasión, tal como nos contó en sus breves palabras Ramón Peña, se habían escogido piezas representativas de la historia de la banda y dos estrenos. Para empezar, la obra de Ricardo Dorado “El Tío Caniyitas” dedicada por su autor a un personaje de gran popularidad en el mundo del toro, José María Gaona Chau, alma mater de la revista “El Burladero” conocido por ese sobrenombre inspirado en la zarzuela de Soriano y Sanz “’El Tío Caniyitas o el Mundo Nuevo de Cádiz”. Espléndida interpretación, primeros aplausos y la expresión de la persona que estaba a nuestro lado.

Bueno

No fue un “bueno” con desdén ni semejando permisividad poco rigurosa. Fue rotundo y seco. No había aplaudido y se limitó a decir esa palabra como quien asiente con un ligero movimiento de cabeza.Foto94-border

Llegaba el momento de sumergirse en un cuadro típico de costumbres aragonesas de la mano del preludio de “La dolorosa”, zarzuela en dos actos, de José Serrano con textos de Juan José Lorente. Si la primera obra puso el listón alto, éste empezaba ya a colocarse en lugar cercano al vértigo impulsado por una impresionante cuerda de trombones. Nuestro vecino de butaca tampoco aplaudió mientras lo hacía y con ganas toda la iglesia. Tan sólo otra palabra:

Grande

Esta vez al menos sonreía algo.

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Y ahora Guiseppe Verdi. El genio italiano, con texto de Francesco Maria Piave, había buscado su inspiración en la obra teatral “Don Álvaro o la fuerza del sino” del escritor español Ángel de Saavedra, Duque de Rivas para la creación de una ópera en cuatro actos. Era momento de oír la larga y dramática introducción a la ópera, que constituye además una excelente pieza de concierto. Una obertura con verdadera sustancia donde los clarinetes elevaron el ánimo de todos aquellos que aman la música a través de toda una cascada de notas afinadas, precisas y magistralmente interpretadas.

Nuestro vecino esta vez aplaudió y lo hizo acompañado de una sonrisa. No hubo comentario pero si asentimiento con manos y cabeza. Se le notaba si no plenamente contento al menos relajado y cómodo.

Minutos más tarde, cuando terminaba la interpretación de “El Año del Dragón” de cuya parte final su autor Philip Sparke dijo que “debe sonar como el cierre de las puertas del Hades”  y vaya que así fue, de nuevo el aplauso de este hombre apoyado con un “bravo” de admiración. Mostró su complacencia, a la vez que todos los asistentes, de manera larga y cálida. El ambiente musical a esas alturas se volvía arrebatador tras el primer estreno del día.

Foto81-borderCuando “La Oliva” escogió una de las versiones de la banda sonora de la película “Cinema Paradiso” sabía que acertaría de pleno. Sin lugar a dudas, la partitura creada por Ennio Morricone para la película de Giuseppe Tornatore, forma parte de la música más intemporal, recordada y sublime puesta al servicio del celuloide. No nos extrañó que al final asomara una lágrima a quien a fuerza de expresión viva, había captado nuestra atención por sus reacciones ante los sonidos que “La Centenaria” nos regalaba para deleite de todos. Nuestro compañero de asiento, de pie, aplaudía a rabiar sólo deteniéndose un momento para pasarse la mano por la mejilla donde brillaba una gotita.

“El Camino Real” es una fantasía latina del compositor americano Alfred Reed inspirada en la ruta que recorrían las misiones de la antigua California. Podíamos decir sólo que si no estuvo allí, no sabe lo que se perdió. La Oliva nos regaló uno de los momentos de más belleza, trascendencia y majestuosidad de los últimos años. Nuestro amigo aplaudía, gritaba bravos y vivas; de pie nos animaba a mostrar respeto y agradecimiento a la banda, al autor, al director, a cada una de las notas de la partitura.Foto95-border

La Oliva estaba ofreciendo un concierto soberbio.

Concierto excepcional en todos los sentidos. Tras largos minutos de aplauso, el público comenzaba a abandonar las naves de la iglesia y no pudimos por menos que preguntar a quién nos había acompañado durante todo el concierto si tenía familia en la banda:Antes de interpretar la última pieza, el segundo estreno, Ramón Peña volvió a tomar el micrófono para explicarnos que se trataba de todo un regalo de su autor y director de La Oliva, José Manuel Bernal, que había compuesto la marcha española “La Oliva Centenaria” como un verdadero presente para este concierto. Y vaya que así fue. Sencillamente gloriosa.

–  No –nos dijo

–  ¿Usted es músico?, le insistimos…

Y ahí vino el mejor homenaje que escuchamos para el concierto de la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras nos había preparado con todo su cariño para esta ocasión.

–      Para ser músico al menos hay que ser como uno de ellos –dijo emocionado.

Y se marchó con nuevas lágrimas en los ojos.

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Tresillo de corcheas:

♪.- Las cornetas y los tambores con el uniforme de verano, la percusión, con camisa blanca, y el resto de músicos, completo de negro. Pasarela “La Oliva”

♪.- El alcalde de Salteras, Antonio Valverde Macías, no se perdió detalle del concierto. Le acompañaba parte de la corporación municipal.

♪.- ¿Y dices que para los próximos seis meses hay más?

A modo de coda

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La banda a sus espaldas

Una vez más nuestro director se echó las banda a sus espaldas y creó un concierto que nos puso alto el espíritu. Y para aliviar su esfuerzo, la toalla que en 2005 le bordó y regaló esa artista coriana de la aguja y el hilo más preciado que es Antoñita Sierra, madre de nuestra querida Carmen Rosas, autora de la foto. A poco de empezar el concierto, José Manuel Bernal cargaba sobre sus hombros con “La Oliva Centenaria” quien se dejaba llevar para así alcanzar lo sublime. Y que sea por muchos años.

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