Secuencia XXXIII: 29/6/2013

5 Jul

Acto de Exaltación y Homenaje del Centenario: “Cien años de hermandad musical”

El día que Irene tomó la batuta

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Justo el día en la que Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva homenajeaba sus cien años, por primera vez una mujer dirigió sus sones. No  fue nada programado pues ni los actores de esta historia sabían que iba a suceder. El momento, fue el más sentimentalmente bello de las últimas actuaciones de la banda.

Este, pues, es el relato del instante en que la batuta cambiaba momentáneamente de manos. Dispónganse a leer con el ánimo tranquilo, como si de un cuento en una mesa camilla se tratase. Dispónganse a saber qué pasó cuando La Oliva Centenaria, en su pueblo, Salteras, en su Iglesia, la de Santa María de la Oliva, puso en escena el sentimiento de una historia de amor que dura ya cien años.

La expectativa de lo grande

En el ánimo de La Centenaria estaba el de organizar un acto a modo de pregón como exaltación y homenaje a su centenario. Desde el primer momento se tuvo claro que no debería ser un pregón al uso, con un orador y la intervención puntual de los músicos, si no que sería la banda en su conjunto quien lo diera salpicando el texto de intervenciones musicales. Y para ello se aprestaron músicos y allegados a la banda y poco a poco fue surgiendo el guión de un acto que tuvo como protagonistas a todos los que estuvieron presentes en él, y no es una perogrullada, pues todos los que estuvieron hicieron su papel, y se dejaron llevar por el hilo conductor de toda una centuria.

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         Como cómplice conductor estuvo el periodista Miguel Doña, director de la CADENA SER en Huelva, y que ya intervino con la banda en el concierto de  Navidad de 2011 durante la interpretación de “Pedro y el lobo” de Sergei Prokofiev. La puesta en escena ya explicaba que no nos íbamos a encontrar con un espectáculo protocolario pues no había un atril central y los sitios destinados a los músicos aparecían vacíos.

         Tras dar unas tímidas buenas noches ante lo desconcertante de la situación, Miguel comenzó diciendo que “querría tener preparadas unas palabras para contarles brevemente qué es lo que va a pasar … el asunto no es que no sepa casi nada sino que el anfitrión, quien nos reúne hoy aquí, la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva…. pues no está”.

         Así las cosas. Miguel requirió la ayuda de Fernando Granado quien se encontraba cercano a un atril ultimando los preparativos del acto. Éste, se acercó al micrófono y nos introdujo en  “La expectativa de lo grande”.

        Foto37-border Nuestro tuba, a modo de explicación fue diciendo que “ustedes esperan… sin saber del todo qué. Están a la expectativa, como cuando oyen en la festividad del Corpus  los compases cada vez más claros, intensos y próximos del pasodoble que avisa de la llegada de su Banda. … Es la expectativa de lo grande; donde se combinan el placer, el recuerdo, la música, la imaginación, la sorpresa, lo conocido, la fantasía, el pueblo, la familia, los que están, los que se fueron, las vivencias, los deseos que esperan cumplimiento… Lo grande, cuando llega, se reconoce que lo es no porque sea único y, por tanto, en algún momento, acabado; es grande, justamente, porque se sabe repetido y repetible, gozado y gozoso, nuevo y eterno… y, de ahí, que no queramos perdérnoslo por nada del mundo”.

         Con Fernando en el uso de la palabra, unos sones de tambor que venían de la calle comenzaron a escucharse en el interior de la iglesia para sorpresa de todos los presentes. Fernando acababa de decirnos “Disfruten de esta celebración que ahora se inicia”. Y nada más terminar de decirlo y advertirnos que, “¿no escuchan ya cercanos los vibrantes compases de una  marcha?”, concluía su intervención añadiendo que “ahora, nosotros escuchamos —y vemos—  ese sueño no aprendido que, hace sólo cien años, otros tuvieron” a la vez que la banda, interpretando “Los Voluntarios” de Gerónimo Giménez comenzaba a entrar en la iglesia y, aprovechando todas sus naves fue llegando, sin dejar su tocar, cada músico a su sitio con el público puesto en pie rompiendo en un fuerte aplauso.Foto46-border

Yo soy Salteras

         Ya con el ánimo más sosegado y todo el mundo en su sitio. Miguel Doña quiso hacer presente la ilusión de un lugar como Salteras y por eso también propuso saber qué es lo que pensaba el pueblo de todo esto. “Para ello”, dijo, “hemos pedido a Mila Ortiz, arrebatadoramente saltereña, que nos haga de portavoz de este rincón mágico”.

        Foto64-border Mila Ortiz se puso en el papel del pueblo y de forma brillante dijo: “Yo soy Salteras…igual que lo eres tú, porque tú, eres Salteras. La Centenaria Banda de la Oliva, banda de pueblo sin grandes ínfulas, ahí radica su grandeza, se ha caracterizado por su clasicismo, por su exquisitez, por su compostura y  por su compromiso. De buen gusto a la hora de interpretar. Cuando un saltereño habla de su banda, se le llena la boca. La siente suya, y suya es. Tú te has apoyado siempre en tu pueblo, y tu pueblo, se siente orgulloso de ti, de su banda.  Siempre de la mano, siempre siendo uno”.

Para terminar, Mila alzó la voz exclamando: “Porque Salteras sin su banda, no es Salteras. Salteras es pueblo, tú eres pueblo. Salteras es torta de moño, es aceituna…, Salteras es Tambora. Salteras es música, tú eres música. Salteras es banda, tú eres la banda. Salteras es Oliva, tú eres Oliva: La banda de la Oliva, la Banda de Salteras”.

         Desde justo el momento en que Mila nombró “La Tambora” la banda comenzó a tocar los primeros compases de nuestra tradicional musical navideña y nos fue preparando el cuerpo para lo que al instante iba a suceder y que nadie podía imaginarlo.

Si estoy aquí se lo debo a ellos

         En las reuniones en las que el guión fue tomando forma, se habló de que sería bonito que se hablara sobre el pasado y la historia de la banda por parte de alguno de los componentes más jóvenes de la sociedad. Así, se pensó que bien podría cumplir este encargo Irene de la Orden, trompista de la banda y también de la juvenil.

         Para introducirnos en este momento, Miguel llevaba en la mano un clarinete de metal del que dijo “podría ser el instrumento más antiguo de la banda”  quiso explicarnos lo bello que hubiera estado que alguien “cuando se reunieron aquellos pioneros, que bonito hubiera sido haber presenciado esa escena. Pero estoy seguro”, dijo, “que alguien de los aquí puede hablarnos de aquel momento”.

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Y salió Irene, quien tras pedir perdón por el supuesto atrevimiento de que alguien tan joven hablase sobre la historia más profunda de la banda, hizo todo un canto de agradecimiento a todos aquellos que comenzaron este proyecto y a aquellos que llevaron de la mano a otras personas para que continuaran con el sueño. Y lo hizo con hermosas palabras dichas con una emoción contenida y que concluyeron con un romance que resumimos aquí:

Donde la música vive,

no cabe mejor señuelo,

llegué de niña una tarde

de la mano de mi abuelo.

Recuerdo mi corazón

latiendo fuerte en el pecho

cuando cruzaba la puerta,

con el ánimo contento,

y en la mente aquella idea

o quizá era mi deseo

de honrar con todas mis ganas

a quienes nos precedieron.

 

Hoy ante todos vosotros

pongo en valor el momento

en que aquellos precursores

a modo de juramento

escribieron los sonidos

primeros de este proyecto.

 

Yo llegué hasta esta casa

de la mano de mi abuelo.

sobrino de Don Joaquín,

ese que tanto venero,

ese que sin conocerlo

llevo tan hondo y tan dentro.

 

A esos músicos de entonces

y a todos los que trajeron

a la banda centenaria

a sus sobrinos, sus nietos

a sus hijos, sus amigos,

 

y gracias a aquel anhelo

nacido ya hace cien años

podemos gritar contentos:

“Yo pertenezco a La Oliva

porque quiero y porque puedo”

 

Abuelo que tú lo sepas:

No sabes lo que te quiero.

         En ese instante el tiempo se había parado. Comenzaba a sonar el trío de la marcha que Joaquín de la Orden y Dionisio Ortiz compusieran en honor de Nuestra Patrona, cuando nuestro director, José Manuel Bernal, dejaba sitio y batuta para que Irene dirigiera a la Centenaria. Con ello, asistimos a uno de los momentos más intensos, hermosos y grandes del acto que nos llevó a todos a un estado entre melancólico y apasionado de verdadera pasión sobre lo grande que es la banda centenaria de Salteras.

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Estando fuera, estoy dentro

         Casi sin reponernos de la emoción, el narrador tras explicar que “sin el oyente la obra musical no estaría completa” invitó al periodista y director del programa “Cruz de Guía” de Radio Sevilla, Paco García, a que en nombre de los oyentes tomara la palabra.

         Foto105-border Simpatiquísimo y genial estuvo Paco en una disertación donde explicó que “me toca como espectador, como mero oyente. Aunque desde ya, me confieso como un espectador que – a estas alturas de la vida en la que no está uno para desmayos ni pérdida de papeles –, sí asiste con verdadero fanatismo a esa manera tan apasionada con que vosotros, sus componentes, hacéis y sentís la música.”

“A partir de ahí”, continuó Paco, “ha sido fácil y hasta gratificante picar el anzuelo y entrar en la gatera de vuestros desvelos y vuestro ingente trabajo por y para la MÚSICA; también esa MÚSICA con letras mayúsculas porque para eso la tratáis como a una verdadera diosa.”

Tras pedir a la banda sólo tres compases de “Hossana in Excelsis” de Oscar Navarro donde “los bajos, parecen sirenas de barcos que abandonan el puerto”, este periodista argumentó que “por todo ello, por vuestro trabajo, por vuestra apasionada forma de entender este bello mundo, ay amigo, por vuestra enorme calidad, habéis conseguido que muchas cosas resultarían del todo incomprensibles” sin que se arroparan por los sonidos de la banda y por eso, como pidiendo oírla envolviendo una de sus pasiones, los toros, solicitó un pasodoble utilizando para ello un posible diálogo entre Paco Rabal y José Álvarez “El Brujo” que hubiera salido de la serie de Jaime de Armiñán “Juncal”. Y así la banda interpretaba la pieza de José Franco “Martín Agüero”

Para los que fueron, son y serán

         A modo de relajar los ánimos, y antes de oír las palabras de nuestro clarinetista Ramón Peña, Miguel doña hizo un “a modo” de entrevista a varios instrumentos como si éstos tuvieran vida propia. Apoyándose en el sonido del oboe del que salían las notas de “El oboe de Gabriel” compuestas por Ennio Morricone para la película “La misión”, dio paso a las que consideró las “más emocionantes palabras sobre nuestra banda, aquello que siempre hemos pensado que podría recoger mejor los sentimientos,… unos instantes donde de verdad sentir toda la gloria de este tiempo lleno de esperanza, esfuerzo, aspiraciones y expectación por la grandeza que seguro nos va a seguir iluminando”Foto140-border

         Y así, en una intervención toda en verso, Ramón Peña nos ilusionó diciendo lo que reproducimos a modo de resumen

“La vida hecha música,

sin límites y sin fronteras,

encerrada en un nombre mágico,

encerrada en quince letras

que nos llevan a lo más alto,

nos llevan a la misma eternidad

Que soy la Oliva de Salteras ,

orgullo de los que fueron, son y serán.

 

Esta es mi historia,

esta son mis vivencias,

la de una gran familia

que camina de la mano

donde el pasado, el presente y el futuro

se dan la mano, acrecentado su leyenda

encerrada en celestial cadencia

tocada por la mano divina

de una Virgen hecha madre

y a la que Dios le puso

LA OLIVA.

Hoy quisiera cantaros a los cuatro vientos

que jamás hubo tanto esfuerzo, ni tanta verdad

en unos hijos que respetaron y respetaran

el nombre de esta madre,

alfa y omega

de estos 100 años de honestidad

que no son un sueño,

que es nuestra única vida

y que hoy se hace realidad.

Mi nombre habéis llevado con orgullo,

con vuestra música, con vuestra lealtad,

que esta Madre que os mira colmada de felicidad

os da las gracias por todos lo que fueron, son y serán.

 

Y  hoy me planto ante vosotros,

aquellos que me habéis hecho soñar

que la música no tiene límites ni fronteras.

Que solo tiene trabajo, amor y verdad.

EL QUE TENGA OIDOS QUE OIGA

QUE AQUÍ HAY UNA GRAN FAMILIA

QUE HOY FESTEJA 100 AÑOS DE ANTIGUEDAD

100 AÑOS DE LEALTAD, A SU PUEBLO Y A SU MUSICA

A TODAS LAS GENTES QUE SON DE VERDAD

ESTOS SON LOS MUSICOS DE LA OLIVA DE SALTERAS

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVA LA MUSICA!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVAN LOS QUE FUERON, SON Y SERAN!!!!!!!!!!!!!!!

         Tras estas palabras, engarzadas al final con las notas del acto final de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini, la conocida “Nessun dorma”, todo alcanzaba ya unos cotas de disfrute impresionantes.

Te propongo un proyecto de vida

         Tras preguntarse el narrador del acto cómo transmitir el legado de La Centenaria, era turno para hablar del futuro y el encargado fue el subdirector de la banda, Jesús Salas, quien reivindicó que “en la vida diaria, los más jóvenes tienen que poder crecer y formarse en un ambiente de amor y de serenidad. Es su derecho y también es nuestro deber que lo que se les enseña en la academia sea complemento de la formación vital que cada uno recibe en su familia. Sólo cuidando a los más pequeños podemos aspirar a verlos crecer y ese necesario cuidado debe ser una ilusión para todos”.

         Foto158-borderSalas fue desarrollando su intervención remarcando que “el futuro es una partitura que tenemos que ir escribiendo todos los días. En esa partitura es posible escribir todos y cada uno de los sonidos, caben todas y cada una de las emociones, y una vez terminada, todo lo plasmado en ella permanece para siempre”, y para ello proponía “escribir entre todos el futuro y a escuchar el dictado de los más jóvenes que se empeñan día a día en hacerlo realidad por encima de nuestras más agradables expectativas”.

         Seguidamente a esas palabras, los músicos de la Juvenil, sólo ellos, comenzaron a interpretar la banda sonora de “Piratas del Caribe” de Hans Zimmer, incorporándose todos los demás músicos a la mitad de la composición.

El sonido del rito sagrado

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Desde su fundación, “la Sociedad Filarmónica “Nuestra Señora de la Oliva” ha tendido para con todas y cada uno de los ayuntamientos, organismos, instituciones y, sobre todo, hermandades que nos hicieron el honor de contar con los servicios de la banda”, dijo Miguel Doña, y en nombre de todas ellas invitó a hablar al Teniente de Hermano Mayor de la sevillana Hermandad del Santísimo Cristo de la Sed y Santa María de Consolación, Madre de la Iglesia, Juan José García Delgado quien expresó que “a la música, para que podamos disfrutar de ella en todo su esplendor hay que cincelarla, que tallarla cuidadosa y exclusivamente para el momento supremo de su audición, … La música necesita, además de ese esfuerzo creativo, que sea erigida, construida, ejecutada, siguiendo fielmente el originario proyecto de su creador inventándolo como si nuevo fuera. Por eso el trabajo de los músicos es un trabajo delicado y grandioso al mismo tiempo, por eso su importancia…, pero además, estos músicos, los músicos de la Sdad. Filarmónica Ntra. de la Oliva han sabido hacer como nadie que el manto de las dolorosas que acompañan termine en la última particella del último instrumento de la banda”.

         Para finalizar, Juan José requirió del verso donde dijo que:

“…La madera desprendió

una tristeza de antaño.

El metal atravesó

el aire nuevo de marzo.

El tambor fue recogiendo

las pisadas de los campos…

…y ese compás tan de aquí

-dicen que fue primavera-

llegó una tarde a Sevilla

 y allí, pa siempre

se fue quedando.

Y sobre todo esto que os cuento,

y sobre todo esto que os digo

se ha sustentado en el tiempo

este sueño, esta ilusión,

esta fuerza extraordinaria.

Por eso  la Oliva ya es….

….La Oliva centenaria.”

         Y ahí, la banda, comenzó una magistral interpretación de “Soleá, dame la mano” de Manuel Font de Anta.

La Academia es algo más que una casa

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 Parecía acercarse el final del acto cuando Miguel Doña leyó unos telegramas venidos del “Cielo de los Músicos” cargados de sentimientos y que tocaron la fibra de todos los presentes aprovechando además la música que de fondo le ofrecían cuatro clarinetes de La Oliva con el trío de “Crux Inmisa” de José Manuel Bernal.

“Cómo es posible sentirte tan cerca,Y así llegó el turno de hablar del presente y el encargado de hacerlo fue nuestro secretario, Francisco Manuel Fraile quién cantó la memoria de Joaquín de la Orden en unos sentidos versos:

cuando estás tan lejos…

Cuánto bien nos inculcaste,

amado maestro…

¡¡¡ NO SABES CUANTO TE LO AGRADECEMOS!!!”

Para seguir proclamando

“Soy La Oliva Centenaria:

Familia de un pueblo aljarafeño.

Mi Madre, se llama Oliva,

Patrona de Salteras y de olivareros.

Mis hermanos: estudiantes,

directores y jornaleros.

Mi padre se llamaba JOAQUÍN

y era Músico y Zapatero”

         Fraile terminó haciendo un recorrido por las sedes que ha tenido la banda en su historia para concluir que “inculcamos a través de la música unos valores que hacen  del ser músico una forma de vida. El decir banda no es más que el sinónimo de compañerismo, amistad y cariño, sentimientos engendrados desde años atrás”.

         Concluyendo esta parte, la banda eligió para ilustrarla la obra de Philip Sparke, “Orient Express”

La banda soy yo

         “Es momento de ir recogiendo”, dijo Miguel Doña “de ir cerrando este encuentro con La Oliva Centenaria”. Por eso, tras nombrar uno por uno a aquellos músicos que fundaron la banda, preguntó al periodista José Manuel García sobre la verdadera identidad de esta Sociedad Filarmónica.

        Foto227-border En su intervención, éste explicó que “La Oliva es un universo formado por todos los que la sentimos y por eso se nos tiene que notar en la cara la satisfacción de sentirnos de ella” para continuar diciendo que “la Banda de la Oliva no aspira a ser la mejor. La banda centenaria de Salteras, no compite en ningún lado. Sólo quiere disfrutar de sus ensayos haciendo música y evolucionar un poquito cada día comparándose sólo con ella misma para poder estar a la altura de las instituciones que le depositan su confianza. El músico de la banda de la Oliva sólo aspira a crecer para no faltarle al compañero que tiene al lado, en la certeza de que si sus fuerzas cedieran, ese músico que está cerca de él será el que le proporcione el aliento necesario para seguir adelante”

         Y a modo de conclusión terminó alzando la voz para decir

“A mi pueblo le apetece

echarse entero a la calle

y no perderse detalle

si la música florece.

Hoy mi pueblo nos ofrece

de sus luces, la más viva

y su sonrisa festiva,

porque Salteras se agranda

cuando le toca su banda,

cuando le toca La Oliva”.

Y nada más decir esto, la banda comenzó a tocar “Ganando barlovento” de Ramón Sáez de Adana y fue abandonando la iglesia, acompañada del todo el público, terminando el homenaje en la plaza entre el aplauso de todos.

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         Durante el acto, pudimos escuchar que “Tolkien dijo que toda gran historia merece ser adornada”. Y eso mismo hemos intentado hacer en esta secuencia.

Gracias a todos.

Tresillo de corcheas:

 

♪.– Hay rostros que no se pueden explicar. Lo dicen todo y todo es hermoso. No te pierdas la publicación de esas caras en los “Momentos” en este blog.

♪.– Hay una nueva definición de chispazo: Lo que se sintió en el estómago de los que estaban dentro de la iglesia cuando desde fuera comenzaron a llegar los sones de la banda.

♪.– ¿Tú estás contento con el resultado? Yo sí.

A modo de coda

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La letra y la música

Más de treinta páginas para un guión que intentaba abarcar cien años. Las hojas se recortaron a la medida justa para que cupieran en un atril de mano por lo que el público tenía siempre en primer plano los motivos centenarios de La Oliva de la cartulina que llevaba Miguel Doña sirviéndole de soporte. Y siempre…. un instrumento, y en este caso un clarinete de metal con más años incluso que la banda. Aquí parecen aguardar en un improvisado camerino a que todo cobrara vida. Y vaya si tuvieron después vitalidad.

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